El otoño tiñó de amarillo los álamos que resaltan en el verde del follaje cordillerano, algunos robles y rosas mosqueta ponen un toque de rojo. Las lengas no quieren despedirse del verano todavía y mantienen su verde.
Este Blog dedicado inicialmente a compartir proyectos de promoción a la lectura, derivó en blog personal debido a mi jubilación como docente.
Escuela rural Nº 342- Allen- Río Negro- Argentina
22 de abril de 2011
Otoño en la cordillera
Como hago muchas veces, en realidad todas las que puedo, más ahora que no tengo horarios que cumplir, acompañé a Osvaldo (mi marido), en una de sus giras de trabajo. El lugar me apasiona: la cordillera. Esta vez fuimos a El Bolsón y nos alojamos en una cabaña muy cómoda, en un entorno natural espectacular. Los dueños son conocidos nuestros, tienen un complejo de cabañas: El Manantial, y cultivan verduras que luego venden en la Feria Artesanal y en un negocio.
El otoño tiñó de amarillo los álamos que resaltan en el verde del follaje cordillerano, algunos robles y rosas mosqueta ponen un toque de rojo. Las lengas no quieren despedirse del verano todavía y mantienen su verde.
El otoño tiñó de amarillo los álamos que resaltan en el verde del follaje cordillerano, algunos robles y rosas mosqueta ponen un toque de rojo. Las lengas no quieren despedirse del verano todavía y mantienen su verde.
5 de marzo de 2011
Tiempo de cosecha
Hace tiempo que no escribo. Es una necesidad que no siempre tengo, si bien me gusta mucho leer, y leer lo que otros escriben siempre es beneficioso para uno, escribir se me hace cuesta arriba.
Hoy quiero mostrar algunas fotos de este tiempo de cosecha en el Valle. Unos amigos trabajan una chacra pequeña pero productiva, toda la familia pone su granito de arena.
Cargaditas las plantas, no? y ahora se vienen las manzanas. En el próximo post las muestro. Hasta pronto!
Hoy quiero mostrar algunas fotos de este tiempo de cosecha en el Valle. Unos amigos trabajan una chacra pequeña pero productiva, toda la familia pone su granito de arena.
Cargaditas las plantas, no? y ahora se vienen las manzanas. En el próximo post las muestro. Hasta pronto!
4 de julio de 2010
NUEVA ACTIVIDAD

Bolso en gobelino y pana

Mis actividades después de jubilarme han variado bastante. Viajo más, leo más, escribo menos, hago más fotos, navego más en internet y hago bolsos. Sí, bolsos de diseños exclusivos en telas de tapicería. Desde setiembre del año pasado me dedico a diseñar, realizar y venderlos, con bastante éxito, lo que me anima a continuar, además he dejado de comprarme tantas cosas que luego no uso para meterme de lleno en conseguir telas lindas y apropiadas para mi trabajo, esto me obliga a descubrir otro tipo de negocios, otros recorridos, otras relaciones personales. Así me contacté con artesanos diseñadores de la zona y de otros lugares y de variadas actividades.
Acá van algunas fotos de una Feria en la que expuse mis creaciones y algunas de ellas como muestra.

27 de mayo de 2010
Cantata
El grupo Vocal Euterpe se presentó en el Teatro Municipal como parte de los festejos del aniversario de Allen. Un espactáculo estupendo, como siempre.
26 de mayo de 2010
Centenario-Bicentenario
El 25 de mayo fue el Bicentenario del Primer Gobierno Patrio en Argentina. Se festejó en todo el país, pero sobre todo se festejó en Buenos Aires, desde el viernes 21 al martes 25. Sobre la gran avenida 9 de julio se instalaron stand de las provincias y colectividades de distintos países, desfilaron multitudes de instituciones, grupos, representantes de diversas actividades deportivas, culturales, etc. Fue una gran fiesta y la gente participó como nunca, acudiendo en masa a todos los eventos y visitando todas las exposiciones. Se reinauguró el hermoso Teatro Colón, el de mejor acústica del mundo según los entendidos, que estuvo en restauración y reparaciones desde hace varios años. En el enlace siguiente se pueden ver algunas de las fotos de los festejos.
También el 25 de mayo se celebró el Centenario de la fundación de Allen, mi ciudad. Si bien los festejos no pudieron igualar a los de Buenos Aires, tuvieron mucha participación popular y mucho esfuerzo de todos por hacer la fiesta. Empezaron también el viernes y todos los días hubo actividades culturales en el escenario que se armó al efecto, en el Salón Municipal, en el Museo, en la Plaza, en las calles. Inauguraciones, presentaciones, cantatas, obras de teatro, murales, desfiles, concursos y toda clase de competencias deportivas.
29 de abril de 2010
Cumpleaños y visitas
El viernes 23 de abril fue el cumpleaños de mi marido y mis hijos le dieron la alegría de llegar con los nietos: Renato desde Pilar, Buenos Aires, y Lola desde Viedma, se volvieron el domingo. Fue un fin de semana de ternuras, besos, sorpresas, comidas, sueño, amigos, guitarreadas, la casa llena de gente por momentos, y una sensación de tibieza en el corazón y a la vez un apretar de nudos en la garganta y el estómago. Los hijos están grandes, toman sus decisiones, hacen elecciones, viven sus vidas, claro que siempre recurren a nosotros cuando necesitan algo, y está bien que sea así, nos guste o no. Nosotros elegimos siempre en función de ellos, de lo que creemos que es mejor, de lo que pensamos que les gustará, pero no siempre acertamos y cambiamos los planes si nos lo piden. Christian, el mayor, nos dice siempre que no pensemos en ellos, que hagamos nuestra vida como nos plazca, que ellos también lo hacen, pero es inútil, siempre están primero cuando organizamos algo, cuando compramos algo o cuando decidimos algo. Creo que todos los padres hacemos lo mismo.
El lunes temprano nos fuimos a Bariloche por trabajo, con un matrimonio de amigos, el viaje dura unas cuatro horas y media. Normalmente disfruto mucho del paisaje, conversamos, contamos anécdotas, nos reímos, pero éste fue distinto. Un cansancio inmenso me invadió y no podía estar con los ojos abiertos, al llegar al hotel dormí siesta y recién pude salir a eso de las cinco de la tarde. Mientras Osvaldo trabaja yo paseo por el centro, miro vidrieras, recorro la costanera, camino y camino, siempre es así, pero esta vez se redujo a unas pocas cuadras, tal era mi agotamiento. Debió ser que me relajé después de muchas emociones. Como sea, recién en el viaje de vuelta pude admirar el otoño en todo su esplendor en los árboles y paisajes, estuvimos muy poco tiempo y no recorrimos los lugares más bonitos de la cordillera, pero me sirvió. Acá van algunas fotos.
11 de abril de 2010
Lo que callan los silencios
En adhesión al Día Internacional de la Mujer, el sábado 6 de marzo se presentó en la Biblioteca Popular "Naciones Americanas" de Allen, la novela "LO QUE CALLAN LOS SILENCIOS" de la escritora Elisa O. Pérez de Oscar, maestra y narradora oral que nació en Buenos Aires pero vivió la mayor parte de su vida en la Patagonia Argentina, una amiga y compañera de muchos años.
Escribió cuentos y poesías que integran Antologías nacionales e internacionales. Recibió premios y menciones especiales por sus textos.
Publicó: "Huellas de abril", cuentos breves; "Los chicos del barrio", declarado de Interés Municipal por el H. Concejo Deliberante de la ciudad de Allen y de Interés Educativo Provincial por el H. Concejo Provincial de Educación de la Pcia de Río Negro. "Cuentos y recuentos de la abuela", narrativa infantil; "El sueño de Agustín", cuento infantil; "Cantos rodados", poesías; "Piuque de la Patagonia", narrativa Infantil.
Esta novela habla de silencios, de secretos y sumisiones. Relata la vida de una MUJER que supo reinventarse y encontrar una razón para vivir y obtener el respeto y la valoración de un pueblo que nació a partir de su adolescencia interrumpida, un pueblo que surgió como muchos otros pueblos de la Patagonia, con sus necesidades, sus frustraciones, su olvido, pero también con sus logros y su lenta pero inexorable evolución.
La sensibilidad de esta escritora, allense por adopción, se percibe en cada una de las palabras del relato, en cada personaje, en cada situación tan similar a la que vivieron realmente los pobladores patagónicos que hace que el lector se transporte, sufra, goce y sienta como ellos. Sin duda, una "joyita".
Transcribo el párrafo inicial (a modo de prólogo):
¿Qué es el silencio? ¿Es no hablar? ¿No oír? ¿No decir? ¿No escuchar? ¿Hay otro silencio? ¿Hay muchos silencios? Silencio de palabras. Afasia. Silencio de gestos. Silencio de soledad. Silencio de voluntad. Silencio por indiferencia. Silencio por abulia. Silencio por sordera. Silencio por el silencio mismo. Silencio por omisión. Silencio por ignorancia. Silencio cómplice. Silencio: "de eso no se habla..." Silencios y más silencios...
Editorial Dunken- Buenos Aires- 2010
2 de marzo de 2010
Las Grutas
En setiembre pasado nos anotamos en la Mutual para disfrutar de unos días en Las Grutas, en los duplex que tenemos los afiliados y que pagamos cómodamente en cuotas descontadas de nuestro sueldo. Nunca habíamos hecho uso de ellos, este año nos tocó y fuimos la última semana de febrero. En algunas otras ocasiones estuvimos en esas playas por un fin de semana, pero ahora tuvimos más tiempo y tranquilidad para disfrutar del paisaje extraño y diferente de ese balneario. Contrariamente a las playas de la costa bonaerense, que tienen un declive regular y por más que suba la marea siempre hay playa, las costas de Río Negro tienen por lo general acantilados, las mareas son muy pronunciadas y las playas con muy poco declive, de manera que cuando hay pleamar es raro encontrar un recodo con un poco de arena seca. Por lo contrario, cuando la marea baja, debe uno caminar muchísimo para mojarse los pies, agregado a eso volver cargando los bártulos que normalmente llevamos, subiendo las escaleras para llegar a la costanera y luego al departamento, quedamos exhaustos. Las aguas del golfo de San Matías son un poco más cálidas que el resto, aunque a mí me parecen igualmente frías. Durante la pleamar el agua golpea con fuerza el acantilado y forma grutas o cavernas que la gente aprovecha para evitar cargar con la sombrilla o la carpa, ya que brinda un poco de reparo y sombra fresca.
La playa en parte es de arena y en parte de piedra. Ese fondo marino que aparece ante nuestros ojos mostrándonos rocas con huecos en donde se esconden pececitos, algas, pulpitos, cangrejos y otros moluscos nos maravilla a cada paso, pero a no descuidarse, ya que la marea vuelve a subir tan pronto como bajó y puede encerrarnos.
7 de febrero de 2010
Vacaciones en Villa Gesell
Desde hace más de veinte años vamos a veranear a Villa Gesell, la misma playa, la misma casa. La dueña que nos la alquila es una española muy simpática y "querendona", quiere a mis hijos como si fueran sus nietos ya que los conoce desde chiquitos. Este año fuimos con mi hijo menor y su familia, de manera que conoció a Lola. Como era de esperar, se enamoró inmediatamente de ella (no tiene nietas).
El tiempo no pudo estar mejor y disfrutamos de la playa, el sol, la sombra de los pinos, la lectura, las caminatas tempranas por la playa casi desierta, los paseos por la peatonal mirando las vidrieras, comiendo de más ( como no podía ser de otra manera) y disfrutando el "abuelazgo".
18 de diciembre de 2009
De turismo por Buenos Aires
Viví más de veinte años en Buenos Aires, trabajé, me casé, tuve tres hijos y un día decidí que necesitábamos algo más de tranquilidad y espacio y nos vinimos al sur. Durante todo ese tiempo apenas vi la ciudad, el ajetreo diario, las obligaciones, el ir de una casa a la otra, o la juventud de ese entonces no me permitieron ver los hermosos edificios, los paseos, las curiosidades, los lugares de interés que tiene esta ciudad. Ahora que ya estoy con la mente despejada y receptiva me asombro de aquello que miré sin ver.
Con unos amigos que casi no conocían Buenos Aires hicimos una recorrida por los lugares más emblemáticos y representativos, un safari fotográfico que duró tres días. Fuimos al Puerto de frutos, en El Tigre y recorrimos el delta maravilloso del río Paraná y el río Uruguay que se deshacen en innumerables islas e islotes antes de darles sus aguas marrón-rojizas al majestuoso río de la Plata. En un catamarán navegamos los brazos de agua rodeados de vegetación, viendo las viviendas típicas isleñas asentadas sobre pilotes para protegerse de las crecidas, nuevos sitios turísticos con todo el glamour para ofrecer a los visitantes extranjeros y un sinnúmero de embarcaciones de todo tipo y a todos los fines surcando el laberinto de canales. Ya en tierra, una incalculable cantidad de pequeños y grandes negocios, ofrecen todo lo imaginado a precios supuestamente económicos. Un mar de gente que hace filas esperando una mesa para almorzar y finalmente el regreso, 50 km de autopista congestionada de tránsito para llegar a la ciudad.
Al día siguiente un tour por la ciudad: barrios tradicionales y antiguos como San Telmo y su plaza de artesanos, La Boca, con su mítica Bombonera y la enefable calle Caminito. Después la otra cara: Puerto Madero, un antiguo puerto con galpones y bodegas que han sido remodelados para convertirse en restaurantes de lujo y una creciente edificación ultramoderna de grandes hoteles internacionales y oficinas vidriadas que reflejan nubes y cielo. De la oscura y ruinosa vida anterior pasó a ser el lugar más caro y lujoso de la ciudad. Ocurre en algunos otros lugares del mundo también.
Por último la casa de gobierno, la catedral, el cabildo y la tradicional avenida de Mayo, tan parecida a la Gran Vía madrileña, con sus cafés y sus hoteles y el obelisco, ese gigante mudo que no sabemos qué significa y que aparece siempre que se nombra a Buenos Aires. La Recoleta, un cementerio de ricos y notables, en un barrio que se puebla de artesanos los días feriados. Palermo, un parque que es el pulmón verde de la ciudad y la costanera, desde donde no se alcanza a ver la otra orilla del caudaloso río de la Plata, sólo sus aguas color de león, que arrastran camalotes y tierra roja misionera.
El viaje se termina, la vuelta es larga: 1200 km de ruta cruzando ese desierto que una vez nos condujo a una vida más tranquila, al Alto Valle del río Negro.
27 de noviembre de 2009
CONQUISTADORES DEL DESIERTO
Este cuento lo escribí hace unos años recordando, por las palabras de Soriano, nuestro viaje a la Patagonia, cuando decidimos dejar la ciudad de Buenos Aires y trasladarnos a esta parte del país.
Anduvimos más de dos horas por un camino pavimentado, recto, nuevo, sin árboles ni rastros de gente, una de esas rayas trazadas al infinito, de las que hablaba Osvaldo Soriano. Así continuó por tres horas más, unos 300 kilómetros. El sol parecía calentar más en esas soledades.
- Cuando veamos una sombrita paramos a descansar y a comer algo. - dije.
¡Ilusa! Encontrar un árbol en el desierto. El viento caliente que entraba por las ventanillas abiertas del flamante Fiat 1500 familiar, hacía temblar el plástico de los envoltorios; producía un monótono ronroneo.
Miré a mi hijo, estaba dormido en el asiento trasero, su rubia cabecita apoyada sobre el televisor, que ocupaba el otro asiento junto a bolsas, libros y las últimas cosas de la mudanza. Detrás, las plantas del balcón y la pecera, con el agua tibia ya, ¿resistirían los peces? Necesitaba agua fresca.
- ¿Falta mucho?- Pregunté a mi marido, que se había puesto una toalla mojada en el cuello.
- Un poco más y llegamos a 25 de Mayo, allí cruzamos el río Colorado y entramos a la provincia de Río Negro.
¡El río! ¡Qué ganas de poner los pies en el agua!
Habíamos salido temprano, por la mañana. La primera parte del camino, en la provincia de Buenos Aires, fue agradable. Había muchos eucaliptos y otros árboles grandes cerca de la ruta, pueblos, casas de campo, lugares para descansar y tomar algo. Pero a la tarde, al dejar Santa Rosa, el paisaje cambió: no más verde, no más árboles, no más fresco, no más pueblos ni casas ni estaciones de servicio donde comprar algo fresco. La vegetación se fue achatando. De los enormes eucaliptos a los pequeños caldenes, que se espaciaron hasta desaparecer, dejando paso a las jarillas, neneos, matas espinosas de alpataco y pastos duros.
Al cansancio del día anterior por el ajetreo de empacar, cargar y limpiar, se me sumó la incomodidad del viaje y la falta de sueño por la ansiedad de la nueva vida lejos de los familiares y amigos. Sólo me alentaba la esperanza de estar más tranquilos, más cerca de la naturaleza, con más tiempo para nosotros mismos.
¿Estaría viendo visiones? A lo lejos se divisaba un bosquecito.
- ¿Ves? Allá paramos, es 25 de Mayo.
Junto a la estación de servicios había un camping con mesas, bancos, árboles y… ¡el río!, ancho, profundo, correntoso, con una pequeña playita de piedras redondas. Mientras mi esposo cargaba nafta, desperté a mi hijo, lo tomé de la mano y corriendo, casi volando, fuimos hasta la orilla, nos descalzamos y, ya estábamos casi en el agua cuando los vi. El lecho pedregoso estaba cubierto de cangrejos, algunos salían del agua y se acercaban a nosotros con ese andar lateral, tan peculiar y amenazador. Volvimos al auto con la misma velocidad con que salimos de él, pero asustados, sofocados y más acalorados todavía.
Aún nos faltaban ciento cincuenta kilómetros de esa raya trazada al infinito, como hubiera dicho Soriano.
14 de noviembre de 2009
Lolita y Renato
Esta nena dulce y hermosa es mi nieta, tiene diez meses es hija de mi hijo menor, Ezequiel, que vive en Viedma, a 530 km de mi casa. No me canso de repetir que tener hijos es una bendición del cielo y tener nietos es el mejor regalo que podemos recibir después. Renato, 2 años, es hijo de mi segundo hijo, Rodrigo. Es una criatura tan buena, tierna, dócil, cariñosa y simpática como ninguna. Suelen quedarse a dormir con sus abuelos cuando los padres deciden salir alguna que otra noche. Yo los disfruto mucho y dejo cualquier otra cosa que esté haciendo por jugar con ellos, porque sé que el tiempo que pasa no se recupera jamás y ¡es tan corto el momento de la niñez! Cuando tuve los hijos chicos no pude ver que se me escapaban de las manos esos días irrepetibles, ¡estábamos tan ocupados! Menos mal que Dios nos da esta segunda oportunidad con los nietos.
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